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Nuestra experiencia como voluntari@s en un hostel de Moscú

Desde que arrancamos a pensar en el viaje que haríamos y comenzamos a hacerlo realidad en mayo de 2019, una de las ideas que teníamos era movernos a paso lento por diferentes ciudades/pueblos trabajando por intercambio, buscando la forma de conectar con diferentes culturas, aportando nuestros conocimientos y desarrollando nuestras pasiones.

Por distintos motivos, entre viajes cortos y nuestra temporada de 5 meses en Ibiza para trabajar, pudimos hacer nuestra primer experiencia de intercambio en noviembre, cuidando durante una semana a una gatita de 4 meses en Ulm, Alemania, a través de la plataforma Trusted House Sitters (próximamente haremos un post al respecto) y la segunda en enero de 2020 en un hostel con quienes nos contactamos a través de Worldpackers (mirá este post para entender de qué se trata).

Hoy vamos a contarles cómo fue ser voluntarios en el Art Hostel Moscow.

Nuestra experiencia

En enero de 2019 nos dirigíamos hacia Rusia, habíamos postulado para varios hostels un mes antes de llegar pero no habíamos tenido respuesta, por lo que ya estábamos descartando hacer algún voluntariado.
Sin embargo, uno de ellos nos respondió el día 5 de enero (fecha para la que habíamos aplicado) «Hey! Están en Moscú?». Le respondimos que no, no estábamos en Moscú, pero nuestro destino era ese.

Resulta que ya tenían un voluntario en esas fechas, pero que por un imprevisto se tuvo que ir y por eso respondieron a nuestra solicitud a último momento.

Intercambiamos algunos mensajes hasta que finalmente coordinamos la fecha de inicio; 15 de enero. Daríamos comienzo así a nuestro primer voluntariado: Art Moscow Hostel, ahí vamos!

Desde que llegamos al hostel nos sentimos super bienvenidos! Aquella noche nos recibieron Max y Sasha, dos de los recepcionistas que estaban a punto de cambiar sus turnos. Nos mostraron las instalaciones del hostel, la cocina (espacio muy importante para nosotros) y la habitación. Todo el hostel es hermoso, espacioso, bien cuidado, limpio. Las habitaciones también lo son.

Nos acomodamos, dejamos nuestras cosas y nos fuimos a buscar dónde cenar. Por suerte, a unos 700m del hostel nos encontramos con un restaurante vegetariano/vegano sencillo, pero con muchas cosas ricas y a un excelente precio. Jagganath es una cadena de restaurantes vegetarianos con muchísimas opciones veganas que tiene 8 locales en Moscú. Este es su instagram: jagannath_ru

Al día siguiente nos levantamos, desayunamos y nos encontramos con otra de las recepcionistas; Justina. Un amor de persona, que además habla español! Fue quien nos dio algunos tips y sugerencias acerca de Moscú, y también nos dio las primeras indicaciones de las tareas que teníamos que hacer como voluntari@s.

Por un lado, Elio sacó fotos del hostel y por otro lado, nos pidieron que organizáramos eventos del estilo pub crawls, salidas a patinar sobre hielo, noches de películas en el chill out zone, juegos, comidas, etc. Por lo tanto, nos pusimos manos a la obra.

Primero organizamos una pasta part. Contábamos con un presupuesto de 600 rublos (casi igual en pesos argentinos, equivalentes a unos 10 dólares en aquel momento), y debíamos cocinar para los huéspedes, pero sin saber exactamente para cuántos. Fuimos al super, compramos 4 paquetes de pastas integrales que estaban de oferta (40 rublos aprox cada uno), 3 frascos de pasta de tomate (a la cual le tuvimos que poner mucha magia porque estaba bastante ácida) y aceite de oliva (carísimo en Rusia!). Diseñamos un flyer, lo imprimimos y lo pegamos en distintos sectores del hostel para invitar a los huéspedes a que se sumen a la pasta party.

En esta ocasión, sólo 9 personas llegaron a sumarse, pero fue nuestro primer acercamiento con l@s otr@s viajer@s. E iríamos por más.

Otro día cocinamos un curry de vegetales para nosotros (aquí la receta) que publicamos en historias de Instagram y por lo cual la dueña, Ángela, nos pidió que hiciéramos algo parecido para los invitados. Esto ya se ponía más divertido. «Qué hacemos?» – nos preguntamos. Y respondimos rápidamente: «El dal, que nunca falla».

Flyer en inglés

Flyer en ruso

Dal tadka o curry de lentejas

Esta vez el presupuesto fue mayor (1000 rublos) y con sólo eso pudimos cocinar un plato delicioso para 16 personas. Tuvo tanto éxito que no sobró nada y, de hecho, repetimos la receta la semana siguiente! En la segunda oportunidad, optimizamos el dinero que había disponible, y cocinamos para 22 personas. Éxito total! Encima imaginate si llegás a un hostel a la noche, no hablás ruso, no sabés dónde ir a comer, sos vegano y te invitan a comer gratis un plato así! Fiesta total.

La segunda noche que hicimos el Dal, había varias personas que tenían su última noche en Moscú, así que decidimos salir a un bar cercano a tomar unas cervezas. En esta salida había una brasileña, dos catalanes de Barcelona, un inglés, una rusa (Justina, la recepcionista) y nosotr@s dos. Fue una noche muy divertida que terminó casi a las 4 am en otro bar con dos rusos que nos encontramos en la calle y nos dijeron de continuar con las cervezas junto a ellos.

Otros eventos que organizamos fueron noches de películas. Pusimos carteles por el hostel con opciones de pelis para ver a un determinado horario, y aquella que tuviera más votos sería la que veríamos.

La primera vez terminamos viendo Blackmirror: Bandersnatch. Para quienes no lo saben, Black Mirror es una serie de unitarios de ciencia ficción distópica en la que plantea cómo la tecnología nos impacta (o lo hará en un hipotético futuro muy cercano), transmitiendo los mensajes de una forma muy atrapante que en general te dejará pensando mucho. Luego de 4 temporadas, decidieron hacer una película interactiva al mejor estilo «Elige tu propia aventura», donde el espectador puede elegir qué camino seguir en diferentes momentos de la película, seleccionando la opción con el control remoto o el mouse (en Netflix únicamente). La cuestión es que esta película abrió un debate muy interesante que duró casi tanto como la proyección de la misma.

Trabajo en equipo!

Conocimos gente de diferentes países y para nuestra sorpresa, en un momento nos habíamos juntado 6 veganos! Y también varios vegetarianos. Como un@ de ell@s es brasileña, propusimos hacer una feijoada vegana entre nosotros. Y de repente, éramos 9 comiendo, aunque sobró para 5 personas más por la cantidad que hicimos.

Por último, 3 días antes de irnos, Ángela, la dueña del hostel, regresó de sus vacaciones y pudimos conocerla personalmente. Nos trajo de regalo unas frutas y especias de Tailandia, todo fresco, increíble! Un regalo espectacular. Tuvimos una charla muy amena y rápidamente organizamos una cena para nuestra despedida. Esta vez, la encargada del agasajo fue ella, que hizo una sopa tailandesa deliciosa, y nosotros aportamos algunas de nuestras recetas infalibles para picar; mayahoria, hummus de arvejas y mijo encevichado.

En resumen, pasamos dos semanas en las que conversamos con gente de todos lados, cocinamos mucho y vivimos una experiencia muy divertida y enriquecedora. Estamos muy felices y agradecidos de haber tenido esta oportunidad en este hostel tan genial.

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